La presentación por parte de la APBA del nuevo Plan Estratégico —el cual cuenta con objetivos a 2030 y una visión para 2040, estructurados en 14 objetivos estratégicos divididos en tres líneas: crecimiento basado en eficiencia y mejora de la competitividad, descarbonización y gestión ambiental proactiva, y fortalecimiento institucional— y su supuesto “compromiso social” nos merecen una profunda crítica.
El futuro del puerto de Algeciras no es una cuestión exclusivamente técnica ni administrativa. Es una decisión que determina e impone al conjunto de la ciudadanía el modelo de ciudad, la movilidad, la economía, el paisaje, el turismo y, en definitiva, la calidad de vida de quienes viven en la Bahía de Algeciras. Precisamente por eso resulta preocupante que proyectos de gran impacto avancen sin un verdadero proceso de participación ciudadana.
La participación no puede limitarse a “ser oídos” cuando las decisiones ya están tomadas; debe formar parte del diseño de las políticas públicas desde el principio. La ciudadanía, el tejido empresarial, los colectivos sociales y ambientales, y los sectores económicos locales deben participar con voz y voto en la toma de decisiones que les afecten. Solo de esta manera podrán contribuir a definir qué infraestructuras, qué Bahía, qué ciudades y qué puertos son precisos para las próximas décadas, porque esa será la herencia para las futuras generaciones.
El problema de fondo es la ausencia de un auténtico modelo puerto-ciudad. En los territorios más avanzados, el puerto deja de ser un espacio aislado para integrarse en una estrategia común con el municipio, buscando un equilibrio entre actividad económica, sostenibilidad ambiental, movilidad, patrimonio y convivencia. En la Bahía de Algeciras, en cambio, el puerto sigue planificándose desde una lógica sectorial, sin una visión compartida del territorio y trasladando un costosísimo y negativo peaje, sobre todo a la ciudad de Algeciras.
No se trata de estar a favor o en contra de una infraestructura concreta. Se trata de preguntarse qué tipo de desarrollo necesita una Bahía y, en concreto, una ciudad como Algeciras, que ha visto cómo se han perdido o deteriorado sus playas, su paisaje, la biodiversidad de sus aguas, la pesca y el turismo. Una ciudad que ha perdido su identidad marinera y que sufre la contaminación acústica y atmosférica, así como el colapso de sus comunicaciones, entre otras afecciones, sin recibir nada a cambio.
Las decisiones sobre el puerto deben responder a un proyecto de ciudad consensuado y coherente, no al revés. Si no existe un modelo puerto-ciudad construido con participación real, el riesgo es que cada actuación responda a intereses parciales y no al interés general.
Algeciras y su Bahía merecen un debate abierto, transparente y basado en datos. Merecen que las grandes decisiones no se tomen en los despachos por entidades que no han sido elegidas por la ciudadanía. Al contrario, las decisiones deben contar con la aprobación favorable de quienes viven, trabajan y construyen la ciudad cada día. Porque el puerto forma parte de Algeciras y su Bahía, y el futuro de Algeciras no puede decidirse sin la ciudadanía de Algeciras


